El Hielo

“Libre de polvo y paja”
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Uno de los insumos más importantes en el mundo de las bebidas es el hielo. Cientos de cocteles no serían lo que son el día de hoy sin la presencia de este helado ingrediente.


La historia del hielo va ligada de dos grandes grupos de personas: los valientes y los millonarios.


El hombre de las cavernas, valiente cazador, ya empleaba el hielo para conservar los animales que con tanto esfuerzo y riesgo cazaba, justo al final de sus cuevas colocaba un cúmulo de nieve y encima disponía los alimentos que iría consumiendo con el tiempo. Los arriesgados pescadores del Báltico y el Mar del Norte al volver de su jornada, cubrían los pescados con trozos de agua congelada y pieles, para así enviarlos a la antigua Roma a ser comerciados en sus grandes mercados y que pudieran conservarse por más tiempo. También en Roma se recibían grandes bloques de hielo o nieve compactada que se enterraban para que tuvieran una mayor duración y únicamente las personas con dinero podían tener acceso a él.


Entre algunos de los personajes que tienen una estrecha relación con los primeros usos del hielo se encuentran Nerón, que servía a sus invitados una mezcla de frutas troceadas con hielo y miel (lo que sería el primer sorbete de la historia) e Hipócrates, el famoso médico griego, que desaprobaba las bebidas frías pues mencionaba que “generaban flujos estomacales”.


Para la Edad Moderna cada pueblo tenía su nevera, el pozo en el que almacenaban un trozo de lago helado que, aislado con paja, se comercializaba en verano en conventos, hospitales y cuarteles. El hielo tenía que llegar al consumidor “limpio de polvo y paja” para que pudiera ser vendido. Fue hasta el siglo XIX que surgió un personaje que posteriormente sería conocido como “El rey del hielo”: Frederic Tudor. Este hombre de origen norteamericano estaba acostumbrado desde pequeño a consumir bebidas y productos fríos que se preparaban con trozos de hielo del lago de su casa, que se cortaban y se almacenaban en un salón específico de su mansión. Un día, conversando con su hermano William, decidieron emprender un negocio de comercio de hielo, con la zona que hoy conocemos como el Caribe, para ofrecerles “algo que les cambiaría la vida”.


Así que llenaron un barco con ochenta toneladas de hielo y zarparon hacia el mar Caribe, donde llegaron a la isla de Martinica y encontraron que los locales no estaban interesados en comprar un producto para el que no veían uso ni ventajas, eso sí el hielo había llegado en perfectas condiciones gracias al uso de aserrín como aislante térmico. Frederic no se rindió pues sabía que era cuestión de conocer el hielo para amarlo. Después de muchos años de trabajar, perder y ganar dinero y de crear a través de fiestas, reuniones y viajes un “mercado del hielo”, encontró entonces que la demanda comenzó a crecer y crecer entre las personas de alto poder adquisitivo, de manera tal que logró comerciar más de doce mil toneladas de hielo y amasar una fortuna de lo que hoy serían 200 millones de dólares.


Hasta hace no muchas décadas el hielo solamente podía consumirse en algunos restaurantes y parte de la experiencia era poder consumir bebidas con hielo, pues no había otra manera de acceder a él en la cotidianidad. Pero los avances tecnológicos han permitido que hoy casi todos los hogares cuenten con un congelador donde podemos fabricar nuestro propio hielo y que casi en
cada esquina en una tienda de conveniencia encontremos una bolsa de hielo “limpia de polvo y paja”.

17 marzo 2021 — Laura Santander Zaldívar
Etiquetas: Coctelería Hielo

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